viernes, 9 de diciembre de 2011

(Otrora el Hospital de la Limpia o Purísima Concepción)

Introducción.
Ubicado en Avenida 20 de Noviembre #86 de la colonia Centro, este instituto y casa hospitalaria  fue edificada a tres años de la conquista de México, en 1524. Es el Hospital novohispano más viejo de toda Latinoamérica y se irguió a orden de Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano (quien en este lugar, Huitzilán, se encontraría por primera vez con Moctezuma, 5 años antes). Aquí se hicieron las primeras disecciones para médicos y estudiantes de medicina del continente con el objeto de que conocieran el corazón, el hígado, el estómago, entre otros órganos. Lleva 487 años desde su fundación tratando de atender la salud de los más necesitados y dada su edad ha corrido con la suerte de irse haciendo con el tiempo de una considerable colección de recuerdos que forman parte su historia, la mayoría plasmados en arte.
Actualmente funge como una Institución de Beneficencia Privada (I.B.P.) no lucrativa, mantenida de donativos que administra un patronato y la recuperación económica por consulta entre otras cosas.

El inmueble.
Considerado como patrimonio de la humanidad la construcción del hospital, que siguió la tónica renacentista española de planta de cruz griega con cuatro patios (originalmente) y algunas variaciones colonialistas y funcionalistas alentadas por José Villagrán García (uno de los impulsores del funcionalismo en Mèxico), conserva entre sus muros obras de arte y objetos de valor cultural como los patios que se encuentran separados por una escalera adornada con motivos escultóricos prehispánicos, la fachada manierista, los nichos laterales que representan a las virtudes de la fe y la esperanza, las 16 sillas de la época colonial de las cuales tres son del siglo XVI, la “Virgen de la Purísima Concepción” realizada en 1605 (y que ya ha sido expuesta en el Museo Metropolitano de Nueva York), el artesonado del techo de una de las habitaciones que es el único de su tipo conservado en México con 57 octaedros de maderas preciosas, una roseta en el fondo cubierta de oro y la cruz de malta, los frisos que adornan las paredes de los corredores del piso alto y que muestran diversos motivos simbólicos de la Pasión de Jesús, los rostros de Hernán Cortes, Pedro de Alvarado, Cristóbal de Olid y los sacerdotes Juan Díaz y fray Bartolomé de Olmedo en las entrevigas, la oficina de la dirección donde se conservan algunas pinturas del fundador del hospital y un gran lienzo anónimo de la “Traslación de la imagen de Jesús Nazareno”, la pintura en la bóveda del coro y en la del primer tramo de la nave con una visión más humanista que profética  de “El Apocalipsis” de José Clemente Orozco,  una mesa con una antigüedad de 450 años (modelo de una sola pieza que debió ser obtenida de un árbol con un diámetro muy extenso) donde estuvieron los restos de Cortés cuando se exhumaron en 1946, custodiados  siete meses por el patronato y los funcionarios del Instituto Nacional de Antropología e Historia, hasta que volvieron otra vez a inhumares en el Templo Anexo (Iglesia de Jesús, mandada a construir por el marquesado mismo del hospital), un monolito hallado en una de las excavaciones y un frisco de la época colonial. Aquí, en el hospital, también se conserva el único busto de Hernán hecho por don Manuel Tolsá (director de escultura de la Academia de San Carlos de México).

Hernán Cortés: La cultura hospitalaria y el humanismo cristiano.
Hernán Cortés fue forjado al calor de su época y condición social como hijo de un hidalgo estudiando leyes en Salamanca aunado de una rigurosa formación religiosa a través del poder de la iglesia y el estado.
Los españoles de los siglos XV y XVI tenían una tradición de más de 30 generaciones de luchadores contra los musulmanes, que habían invadido Iberia por casi 800 años. Todos esos siglos de guerra acuñaron el valor y la fe de los cristianos  peninsulares.
Para los hijos de la casta hidalga, empuñar la espada o la lanza era la única manera de ganarse el pan y hacer morada. El hidalgo no debía ejercer otra labor, era indecoroso hacerlo por otros medios que no fuesen arriesgar con valor la propia vida, hacer fortuna, mantener su linaje o crear otro con las armas en la mano; todo esto era lo correcto y digno para los jóvenes cristianos desde las cruzadas. La cruz y la espada eran el signo de la fe.
Salvar las almas paganas de América aún contra su voluntad y extender el reinado de Jesucristo, eran los principales motivos de la Conquista.
A los 19 años de edad el joven hidalgo Hernán, cruzó el océano tormentoso obedeciendo al llamado divino que marcó en Descubrimiento y la Conquista del nuevo mundo. “Servir a Dios y al Rey” era el lema.
Los hidalgos y gente llana que se embarcaban en Sevilla para las nuevas tierras descubiertas debían registrarse en La Casa de Contratación, un filtro que no permitía el ingreso de forajidos, perseguidos por la Justicia, dudosos cristianos, mujeres de mala vida y de quienes no pudiesen pagar su pasaje. Con los cientos de miles de documentos del Archivo sevillano se derriba la Leyenda Negra confeccionada por los enemigos de España con la que afirman maliciosamente, que los conquistadores del continente eran una banda de maleantes. La Corona española controló muy bien a sus emigrantes durante los 330 años que dominó en toda la Tierra Firme americana.
En la mente de los conquistadores, los seres humanos se dividían en cristianos, infieles y paganos; convertir a éstos a la fe de Jesucristo, a la luz de su revelación y someterlos al Rey Emperador de España era un deber inexorable. Al Rey se le debía lealtad por ser ministro de Dios en la Tierra para defender a los cristianos de sus enemigos jurados y visibles como los musulmanes; mientras que al Papa se le obedecía por ser el representante de Cristo para velar por la salud espiritual de los fieles y defenderlos de los enemigos de la fe como los judaizantes, los infieles y los herejes.
Antes de entrar en batalla con los nativos Cortés les hacía leer por medio de sus intérpretes un requerimiento legal, si aceptaban ser amigos se les daba la paz, en caso contrario, se les hacía la guerra.
Para entender a los conquistadores y, con ellos, a su más insigne representante hay que ser consciente de esta circunstancia: Toda la actuación de Cortés como conquistador, gobernante, político, poblador y constructor de la Nueva España, estaba impregnada del ideal medieval que creó la civilización cristiana, del amor que sentía por la tierra de su conquista, de la que hoy formamos parte y de su fidelidad al Rey. Hernán Cortés estaba convencido de la santidad de su empresa.
La intención de conquistar Tenochtitlán tenía propósitos fundamentales como el económico, para hacerse de todo el oro y plata posibles mediante la esclavitud y la tributación; el político, que se orientaba a poseer la tierra y anexarla a la corona de Castilla, y el religioso: imponer la evangelización sobre las creencias de los indígenas y con ello, de cierto modo, hacer más accesible el control y legitimación de la mano de obra, que abundaba hasta el 13 de agosto de 1521 (la Conquista).
La caída de la Tenochtitlán se ubicó en una coyuntura en la que jugó un rol clave la enfermedad. La viruela (cocoliztli) y el sarampión (topitonzáhuatl) acabaron inescrutablemente con la población indígena ya que ésta se encontraba vulnerable ante las enfermedades traídas por los conquistadores desde Europa, su sistema inmunológico no estaba preparado para recibir visitas de tan lejos, aunado a las precarias condiciones a las que ésta  población era sometida para trabajar, no fue difícil propiciar los decesos de gran magnitud que se le achacan al conquistador peninsular. Sin embargo los españoles no estaban exentos, múltiples enfermedades infecciosas, parasitarias, carenciales, degenerativas, constitucionales y neoplásicas también les afectaron y la idea de combatirlas y paliarlas no fue ajena a la ideología de Hernán Cortés. Surge entonces la idea de construir hospitales y el conquistador de Tenochtitlán, funda el Hospital de la Purísima Concepción (posteriormente llamado hospital de Jesús Nazareno). Sin embargo, su idea de construir un hospital no sólo seguía como objetivo el atender a los problemas de salud, a la par, se convertía en una especie de obra de expiación y redención de sus culpas. Si iba a ser recordado… que fuera por la gracia del humanismo cristiano y no por el derramamiento de sangre indígena –pienso–, no debió ser coincidencia que en Huitzilán, sitio donde se encontró por vez primera Hernán Cortés con Moctezuma Xocoyotzin el 8 de noviembre de 1519, se haya fundado el Hospital de Jesús.
En noviembre de 1547 en Castilleja de la Cuesta, poco antes de fallecer, pide en la primera cláusula de su testamento que sus restos sean trasladados la villa de Coyoacán. Actualmente, éstos se encuentran en la iglesia anexa al Hospital de Jesús fundado por él en el centro de la cd. de México.
Posteriormente la tribulación del movimiento independentista de México y la hostilidad anti-español orilló a que los restos de Cortés y demás insignias peninsulares fueran removidas del templo de Jesús, cuando menos de la vista de los nacionalistas. El provisor de la mitra, en 1833, como medida cautelar, ordenó al doctor Joaquín Canales que inmediatamente procediese a sepultar con el debido decoro y en lugar seguro los huesos de Hernán Cortés, depositándole provisionalmente en el lado del frente del ángulo derecho del Evangelio bajo la tarima del altar de Jesús Nazareno.

Organización y formación.
Hernán Cortés determinó para el mantenimiento del hospital, entre otros, varias de sus rentas así como de los diezmos sobrantes del Estado y Marquesado del Valle de Oaxaca, en lo que concierne a sus iglesias, acorde con el derecho que le aseguraba la Bula de Clemente VII fechada el 16 de abril de 1526, en la que se le daba facultad para pedir y recibir los diezmos y primicias de los habitadores de la misma tierra. Esta Bula, desde luego, fue objetada por el Emperador que con ello veía afectados sus intereses y en fin, tras varios litigios el sostenimiento del hospital quedó a cargo del gobernador del Estado y Marquesado del Valle, bajo la autoridad del juez conservador de éste.
El primer director del hospital fue el mercedario fray Bartolomé de Olmedo, capellán de las huestes de Hernán Cortés y, desde su apertura contaba con el servicio de un cirujano que percibía un sueldo de 70 pesos anuales, de un médico, de un barbero-sangrador y de enfermeros. Diego Pedraza, cirujano y amigo de Hernán Cortés ofreció allí sus servicios, probablemente también lo hizo Francisco de Soto, cirujano-barbero o sangrador. Pedro López, el primero de este nombre en la Nueva España, también asistió aquí atendiendo pacientes y posteriormente se estableció el primer departamento de cirugía del Nuevo Mundo en tierra firme.
En este hospital se realizó la primera anatomía (hoy autopsia), algunas de ellas hechas por el Dr. Francisco Hernández (protomédico), y por Alonso López de Hinojosa cuando la Nueva España era azotada por la epidemia de viruela o cocoliztli en 1576.
El 6 de octubre de 1643 el doctor Juan Correa, nacido en la ciudad de México y cirujano del Santo Oficio desde 1641 además de catedrático de anatomía en la Universidad, realizó en el Hospital de la Purísima Concepción, en presencia del Protomedicato, de autoridades universitarias y de estudiantes, la autopsia en un reo ajusticiado.
Corriendo el año de 1663, la indígena Petronila Jerónima obsequia a la iglesia con la que contaba el hospital, una escultura representando a Jesús Nazareno con la cruz a cuestas. Fue tanta la devoción que dicha escultura inspiró en la población que, al correr del tiempo se cambió la advocación tanto de la iglesia como la del hospital de la Limpia o Purísima Concepción, por la de Jesús Nazareno, misma que perduraría hasta la fecha.
En las postrimerías del siglo XVIII, el hospital contaba con la asistencia de tres capellanes dando consuelo a los enfermos, un administrador, un cirujano, un médico, un barbero, un enfermero mayor, una enfermera, cocineras, tres indios procedentes de Coyoacán para cuidar de la limpieza y ocho esclavos para realizar los trabajos domésticos. Contaba con una botica que surtía tanto la demanda interna como la externa de sus productos y se atendían alrededor de cuatrocientos enfermos anualmente con excepción de dar servicio a los desequilibrados mentales, a los enfermos de bubas, sífilis o lepra (que para ellos había otros hospitales).
En 1643 se realizaron las primeras autopsias para la enseñanza anatómica de la Real y Pontificia Universidad de México, efectuadas por el doctor Juan Correa (cirujano del Santo Oficio) y por el galeno Andrés Martínez Villaviciosa. Hacia 1715, en este mismo hospital, fue fundada por estudiantes de medicina en el nosocomio la Regia Academia Mariana Práctica Médica, la cual desempeñó una labor complementaria de la enseñanza de esta disciplina en Nueva España (hoy, su función hospitalaria sigue vigente).
 El 14 de septiembre de 1790 el virrey Conde de Revillagigedo escribe al Barón de Santa Cruz de San Carlos, gobernador del Marquesado del Valle de Oaxaca, solicitando el traslado de los restos de Cortés del convento de San Francisco de México a la iglesia del Hospital de Jesús. La respuesta la recibe el 22 de octubre de 1791 de parte de don Diego María Pignatelli, encargado de negocios del Duque de Terranova y Monte leone  (heredero de Cortés), donde expresaba éste su concesión y desde Madrid mandó  el diseño del sepulcro. Este diseño lo recibe y acepta ejecutar el maestro don José del Mazo ofreciendo hacerlo de piedra de jaspe, sin cotel o villería y tecali, por la cantidad de $1550.00 a los que agregaron $1550.00 más que se pagaron al director de escultura de la Academia de San Carlos de México, don Manuel Tolsá, por el busto y escudo de armas que hizo en bronce dorado. Dichos restos del conquistador fueron trasladados del convento de San Francisco a la iglesia del Hospital de Jesús el 2 de julio de 1794 por el Marqués de Sierra Nevada, entonces gobernador del Marquesado.
Con la ocupación del Hospital de Jesús por agentes del gobierno en 1833 desaparecieron los mármoles del sepulcro. Sin embargo, años antes habían sido enviados a Palermo tanto el busto como las armas de Hernán Cortés por disposición del Duque de Terranova.
Por Decreto del Gobierno de México el 28 de diciembre de 1904, el Hospital de Jesús continuó sus labores como I.B.P. y desde la independencia de la República hasta 1932, los Patronos-Directores del Hospital fueron los Príncipes Pignatelli, Marqueses del valle de Oaxaca y descendientes de Hernán Cortés.

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